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Brenda Ducreux -
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Lunes 31 de julio de 2017 12:00 AM

Brenda Ducreux

Para los que la conocen, es común verla alegre, siempre sonriente y ayudando al prójimo, pero detrás de todo esto, Juana H. Torres, conocida como "Dulce Ana" esconde un triste pasado que la llevó a convertirse en una trabajadora sexual.

A los siete años fue violada. Corría abril de 1972 en su natal Honduras, recuerda como si fuera ayer cuando se puso un vestido rosado y peinó su larga cabellera. Su madre la apresura y le dice que van al médico para que le hagan un chequeo.

Cerca de su vivienda aguarda un auto, su madre se sienta adelante y ella atrás. El señor, de unos 40 años, le pregunta a su madre "Estás segura... no quiero problemas". Ella responde: "sí, Juana sabe que debe dejarse hacer el chequeo".

Dulce Ana hace una pausa y mira fijamente al equipo de día a día, se le quiebra la voz, suspira y cuenta que el auto se detuvo y el supuesto doctor la llevó a un hotel. "Me acostó en la cama y me dice que me quite el vestido, pregunté por qué y dice que era lo del "chequeo".

Él bajó su panticito y le cubrió la boca con una mano. La niña sabía muy bien que su mejor defensa ante el hombre que la superaba en peso y fuerza era el llamado de auxilio, pero nadie la iba a escuchar...

Al volver al auto, la inocente buscó consuelo en su madre, pero esta se volteó y le dio una gaznatada. "No llores, te dije que te dejaras hacer el chequeo". Mientras que reiterando que no quería problemas, aquel hombre, quien manchó su inocencia, le entregó un dinero a la desalmada madre.

En el camino, una amenaza terminó de agregar sal a la herida "como le digas a tu abuela lo que pasó me las vas a pagar".

Siguió la explotación

Este fue el inicio de un calvario que comenzó a vivir Dulce Ana, quien vivió los seis años siguientes mudándose junto a una madre, quien lucró a costa de su frágil cuerpecito.

A los 13 años, ya viviendo en el interior de la República de Panamá y después de ser explotada sexualmente por su madre por tantos años, Dulce Ana opta por quitarse la vida, pero su madre la sorprende y evita su muerte. "Fue una cosa terrible, nadie me apoyaba. Ella me pegaba si no le traía una tarifa de $40 por día".

Finalmente decidió escaparse hacia la ciudad capital, en el transcurso de su viaje encontró refugio en un hondureño-norteamericano y recibió más de lo mismo.

"Fue mi pareja. Él me arreglaba, me maquillaba y cobraba los $100 por mí a los hombres a quienes me entregaba. Le decía que yo era su hermana".

Dulce Ana duró con este hombre un año. Sin darse cuenta de que tenía dos meses de embarazo de su primera hija, viajó de nuevo a su tierra natal y conoció a su segunda pareja y con este tuvo su segundo hijo.

Pensando que con aquel hombre las cosas le saldrían mejor, abrió su corazón y se casó con él por lo civil. "No fue así, él me pegaba y me pedía plata, así que comencé a trabajar en la cantina de sus padres. Mi error era contarles a estos hombres sobre mi pasado".

Decepcionada, regresó sola a Panamá y dejó a sus dos hijos allá con los abuelos y les enviaba dinero con lo único que sabía hacer: vender su cuerpo. "Fui bailarina en los night club y bares por mucho tiempo".

Pasó el tiempo de su adolescencia y tuvo su tercer hijo. Tampoco le fue bien con su nuevo amado.

Dulce Ana revela que luego de dar a luz a su tercer hijo, seguía ganándose la vida acostándose con cualquier hombre que se le cruzara en el camino. "Es una vida miserable. Lo primero que tuve que hacer fue perder la vergüenza de mirarme al espejo, mirarme desnuda".

A pesar de haber dedicado su vida al oficio, Dulce Ana dice que esta vida no deja nada bueno, "solo amargura y mucho dolor".

"No me queda nada, ni un colchón para dormir. Estoy actualmente en un apartamento pagando más de $200 por mes".

El 24 de julio del 2016, Dulce Ana perdió cerca de $8 mil, pues un fuego en la pensión La Rosita la dejó en la calle.

Actualmente, la activista y defensora de los Derechos Humanos y de las Trabajadoras Sexuales, afirma: "No quiero ver a una niña trabajando sexualmente. Los padres que le hacen eso a sus hijos merecen un castigo muy grande".

Con mirada aún de esperanza admitió: "Si tengo que morir será en Panamá, pues en Honduras viví mis peores momentos".

En la actualidad, Dulce Ana siente un vacío enorme por los años que  sabe  jamás recuperará. “No me queda nada”.
 
Su madre le pidió perdón, ella no podría morir en paz
PERDÓN. Dulce Ana reveló a día a día que su madre, antes de morir, hizo todo lo posible para localizarla y pedirle perdón por tantos años de sufrimientos que le hizo pasar desde su infancia.
“Le dije 'mami yo la disculpo, pero que la perdone Dios'”.
 
A pesar de los años, para esta señora, quien muchas veces esconde su tristeza bajo el maquillaje, recordar cada detalle de su pasado es devastador.
Antes de morir escribirá toda su historia en un libro para que les sirva a las nuevas generaciones para que tomen correctivos y nunca lleguen a estar en  esta situación.
 
"Mi madre ponía una tarifa por mi cuerpo a los siete años. Yo tengo una matriz infantil, la cual no la desarrollé".

 


Según la Asociación Panameña sin fines de lucro x - Ellas's por ellas, grupo de la lucha contra el tráfico y trata de personas en Panamá, este negocio mueve más de $32mil millones de dólares por año en todo el mundo. La mayor parte de las víctimas son niñas, niños y adolescentes, quienes son explotados sexual, comercial y laboralmente. Este es un fenómeno global que opera en unos 130 países.

En Panamá, este año, se hizo un operativo y se logró rescatar a 37 víctimas tres en operativos y dos en las terminales del país y se capturó a 40 tratantes.

dulce ana fue violada a los siete años. su mamá dio el consentimiento.

El Ministerio de Salud ha detectado desde 1981 a diciembre del año pasado, 14,521 casos de SIDA de los cuales 10,817 son hombres.

"Yo me quiero y me abrazo, pero tuve parte de la culpa por no denunciarlo".
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